27 julio 2010



JORGE TEILLER


La lectura en ocasiones, nos deja ante joyas de la literatura, como es el disfrutar de este poeta chileno que, sin lugar a dudas, alcanzó los límites de la imaginación en cada uno de sus poemas.Su poesía nace de la nostalgia, de la ingenua noción de paraíso perdido, el cual es abandonado hasta llegar a un borde de ensueño. La realidad se funde con espacios oscuros y secretos en donde la intemporalidad se manifiesta vivazmente. Originalidad, experiencia viva que lo introdujo en la categoría de uno de los grandes de la poesía latinoamericana.


Los amorosos

Los amorosos callan.

El amor es el silencio más fino,

el más tembloroso, el más insoportable.

Los amorosos buscan,

los amorosos son los que abandonan,

Son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,

no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos

porque están solos, solos, solos,

entregándose, dándose a cada rato,

Llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor.

Los amorosos viven al día,

no pueden hacer más,

No saben.

Siempre se están yendo,

Siempre, hacia alguna parte.

Esperan,

No esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.

El amor es la prórroga perpetua,

Siempre el paso siguiente, el otro, el otro.

Los amorosos son los insaciables,

Los que siempre- ¡qué bueno!- han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.

Las venas del cuello se les hinchan

También como serpientes para asfixiarlos.

Los amorosos no pueden dormir

Porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la oscuridad abren los ojos

Y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana

Y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,

Sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos,

A cazar fantasmas.

Se ríen de las gentes que lo saben todo,

de las que aman a perpetuidad, verídicamente,

De las que creen en el amor

como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,

a tatuar el humo,

A no irse.

Juegan el largo, el triste juego del amor.

Nadie ha de resignarse.

Dicen que nadie ha de resignarse.

Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,

la muerte les fermenta detrás de los ojos,

y ellos caminan, lloran hasta la madrugada

En que trenes

y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor

a tierra recién nacida,

a mujeres que duermen

con la mano en el sexo, complacidas,

A arroyos de agua tierna

y a cocinas.

Los amorosos se ponen

a cantar entre labios una canción no aprendida,

y se van llorando,

llorando,

La hermosa vida.

4 comentarios:

Edu dijo...

La vida es una espera continua.
Un Saludo

juliano dijo...

gracias Edu por tu comentario, espero que mi blog te haya gustado, un abrazo.

Javier Cánaves dijo...

coincidimos en el amor por Teiller.
su libro "Muertes y maravillas", uno de los mejores recuerdos que me traje de Chile.
saludos.

juliano dijo...

Javier: Me alegro que coincidamos en este gran poeta, espero que puedas seguir mi blog. Te mando un afectuoso saludo.